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Cuando Elizabeth Taylor y Richard Burton fueron catalogados como "vagabundos eróticos"

  • 8 ago 2023
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 19 ago 2023

En 1962, Elizabeth Taylor y Richard Burton estaban filmando Cleopatra. Durante el rodaje, un medio publicó el romance que mantenían los dos interpretes, ambos casados con otros, causando un gran escándalo. ¿Qué dijo el todopoderoso Vaticano sobre la reina de ojos violetas?

Foto: GTRES

Se dice que hay estrellas de cine en cada etapa. Hoy tenemos a Angelina Jolie, Scarlet Johansson y Cate Blanchett, y hace unas décadas tuvimos a Judie Davis, Jennifer Aniston y Camero Díaz. Pero ¿quién marcó el término “superestrella”? Durante los años 60, luego de una trayectoria infantil importante en el cine, una joven Elizabeth Taylor empezaba a interpretar papeles más “adultos” y serios que le traerían una mayor notoriedad en la industria. Así, le tocó interpretar a la legendaria Cleopatra, aunque durante el rodaje se desató un escándalo de gran magnitud que incluyó al todopoderoso Vaticano.

En 1960 Elizabeth Taylor era considerada la mujer más bella del planeta. Ojos color violeta, rostro cargado de maquillaje y una gran cabellera negra hacían de ella una mujer digna de admirar. Apenas con 29 años, había protagonizado ya diversos filmes que tuvieron un gran éxito; tenía en su repisa un premio Óscar que ganó por Butterfield 8 ese mismo año; se había casado 4 veces (viuda de Mike Todd, su tercer esposo) y tenía 3 hijos. Era famosa, pero necesitaba consolidarse y buscar un papel que le diera un mayor estatus. Durante ese año, recibió una propuesta interesante: Twenty Century Fox estaba buscando a la protagonista de su próxima superproducción, Cleopatra. Taylor contó que le ofrecieron diversas ofertas considerablemente rentables, pero ella buscaba más: establecer un récord.

TCF buscaba ganancias, pues no pasaba por un buen momento. Los ejecutivos deseaban hacer un remake de una cinta de 1917 llamada Cleopatra, de gran éxito en el momento de su estreno. Hacerla lo menos costosa posible era una prioridad. Sin embargo, luego de ver el potencial que podría tener la cinta, las ambiciones del director y el elevado coste de realizar una producción de esa naturaleza, llevó a que el estudio centrara todos sus recursos en la película. De esa manera, el presupuesto inicial de 2 millones de dólares se elevó exorbitantemente.

La búsqueda de la actriz protagonista resultaba clave para el éxito posterior. Se barajaron nombres como Sofia Loren, Dorothy Dandridge o Joan Collins; sin embargo, Taylor fue la elegida. “Recibí la llamada del productor de la película, Walter Wanger, cuando estaba en la tina llena de espuma. No quería alargar más la conversación que había tenido con él, así que le dije: ‘1 millón de dólares, más el 10% de las ganancias’. A lo que él me dijo: ‘Está bien. Trato hecho’. ¡Já! Empecé a gritar y me sumergí completamente en la tina. No podía creerlo”, dijo Taylor durante una entrevista. Fue la primera actriz en cobrar 1 millón de dólares por una película. Aunque finalmente, por complicaciones y retrasos del rodaje, la actriz recibió un total de 7 millones (de aquella época). El récord perfecto.

Aquello marcó un antes y un después en la carrera de Taylor y en la industria del cine. Por fin, consiguió el estatus que deseaba: una superestrella. Aunque durante aquella época no solía usarse el término, ella fue quien dejó la piedra angular.

Firmó el contrato durante una rueda de prensa en Los Ángeles, junto a su esposo de aquella época Eddie Fisher, un cantante muy famoso en la época. De hecho, él y Mike Todd, tercer esposo de Taylor muerto trágicamente en un accidente aéreo, a quien Elizabeth describiría como “uno de los tres grandes de su vida”, eran amigos cercanos. Luego de la muerte de Todd, Fisher fue el gran consuelo de la joven viuda, contrayendo matrimonio finalmente en 1959 en medio de un escándalo mediático. Fisher no imaginaba que unos años más tarde la traición también lo hundiría.

Los actores principales estaban convocados: Taylor como Cleopatra, Rex Harrison como Julio Cesar y un desconocido en el mundo cinematográfico Richard Burton como Marco Antonio. Burton era un actor galés conocido en el mundo del teatro británico, también había participado en diversas producciones menores en Hollywood. El galés era conocido por su peculiar y característico método de actuación: recitar como si hiciera una oración a los dioses. Para ese entonces, Burton estaba casado con la actriz Sybil Williams.

Taylor y Burton se conocieron en el rodaje, y egún las declaraciones de Taylor, el amor que nació entre ellos pasó sin que ninguno de los dos lo notara. Fue amor a primera vista, o, mejor dicho, al primer beso, pues los dos eran hacían de amantes en la película [los personajes de Cleopatra y Marco Antonio] y hacían escenas de amor todo el tiempo. El equipo de producción de la película estaba al tanto del romance, pero que habían quedado en un acuerdo de confidencialidad.

Diversas personas que fueron parte del rodaje cuentan que las escenas románticas entre Taylor y Burton duraban mucho más de lo que debían, incluso después de decir “corte”. Era claro que entre los dos británicos había una conexión única.

EL ESCÁNDALO
Gracias al éxito de las películas del director italiano Federico Fellini, como La dolce vita, diversos paparazis estaban merodeando Roma en busca de fotos comprometedoras de los actores de renombre que grababan películas en la ciudad durante ese tiempo, como Audrey Hepburn, Ava Gardner o Franco Nero.

El fotógrafo italiano Marcello Geppetti estaban detrás de Taylor y la película, siempre buscando la toma ideal. Una vez, como se supo después, un pescador le comentó que ella y Burton llegarían en helicóptero a un barco privado para vacacionar y descansar. Aún su romance no era conocido por nadie más. Por ello, Geppetti se escondió durante dos días en unos arbustos cercanos para inmortalizar la histórica fotografía en donde se muestra a Taylor y Burton besándose apasionadamente.

Foto: Marcello Geppetti.


Varios años después, el propio hijo de Marcello Geppetti contó que el mismo Richard Burton, enterado y asustado por la venta de la fotografía a los medios, le ofreció 12 millones de libras a Geppetti para que no vendiera la comprometedora foto. El italiano le respondió que “él trabajaba para la prensa, no para la gente”. Pronto la fotografía se volvió pública y no pasó mucho tiempo para que apareciere en las portadas de medios de todo el mundo.

El escándalo escaló internacionalmente, y no había quién no hablara de la noticia. Dos actores casados, figuras públicas que debían respetar el buen código de comportamiento de la época, estaban en el ojo de la tormenta por adulterio. Todos los medios amarillistas trasladaron toda su maquinaria pesada a Roma, para seguir y acosar a la nueva pareja. De la misma manera, casi de forma inmediata, el traicionado esposo de Taylor, Eddie Fisher, y la dolida esposa de Burton, Sybil Williams, solicitaron el divorcio.

EL VATICANO ALZA LA VOZ
Cabe agregar que aún eran años donde la Iglesia Católica influenciaba en las producciones hollywoodenses, aunque no de manera directa. Para 1963, permanecía vigente el infame “Código Hayes”, un manual de producción cinematográfica donde se obligaba a las películas sobre qué mostrado en pantalla y qué no, con riesgo de ser censurada si no cumplía los estándares. Ninguna productora se atrevía a retar el pacto, pues suponía que la institución encargada de repartir la moral en el mundo también se posicionara en contra de la difusión de la película.

No tardó mucho tiempo para que el escándalo llegara a oídos del mismísimo Vaticano, aún una institución muy influyente en Europa y el mundo entero. Por su puesto, hoy en día no es noticia que los escándalos de las estrellas contemporáneas lleguen a incomodar a los católicos más conservadores; sin embargo, que un líder religioso, y más aún una institución, de la época te calificara de forma negativa era como ser condenado al exilio.

Un alto representante de la Ciudad del Vaticano fue preguntaba sobre el asunto, a lo que él respondió diciendo que Elizabeth Taylor y Richard Burton eran unos “vagabundos eróticos”. Esta polémica frase pronto rebotó en los medios de todo el mundo. Así, Taylor y Burton fueron excomulgados por la Iglesia católica y censurada por las Ligas de Decencia del mundo entero.

Twenty Century Fox no estaba dispuesto a soportar el hecho, demandando a ambos actores tiempo después por 50 millones de dólares por incumplir reglas del contrato e influir negativamente en la imagen de la película, como contó en aquella época The New York Times.

A pesar de todo, ambos actores prosiguieron con el divorcio con sus respectivas parejas, y pronto anunciaron su relación. Se casaron en 1964 en una boda privada pero muy mediática. Su romance se convirtió en uno de los más polémicos de la historia del cine. Una tóxica relación que que incluyó insultos, violencia física y maltrato. Contrajeron matrimonio y se divorciaron dos veces consecutivas.

Más adelante, Elizabeth Taylor calificaría a Richard Burton como "uno de los tres amores de su vida". “Creo que nos amábamos demasiado que fue muy duro, y ya no pudimos soportarlo”, dijo alguna vez la reina de los ojos violetas. Luego de aquello, ella se casó otras 2 veces, pero nadie como Burton, que junto a ella formaron una icónica historia de amor que definiría la historia del cine para siempre.

 
 
 

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