Lo que está pasando es escandaloso, pero la indignación no se hace sentir
Editorial LC
A la mayoría de los jóvenes no les interesa la política, y los que militan o se involucran en ella son muchos menos. Es un hecho común y esperable: pasa aquí en Perú, como en el resto del mundo. Sin embargo, hoy en día existen plataformas para expresar nuestras opiniones sobre algo que nos parece desagradable, o que simplemente es escandaloso. Las redes sociales son (a veces) una forma democrática de expresión, y esto es lo que necesitamos más que nunca.
Los últimos acontecimientos, ciertamente escándalos de corrupción, que involucran a altos funcionarios públicos, son algo que muchos han comparado con los infames “vladivideos”. La historia ya ha sido contada, y esos videos significaron la confirmación de lo que todo el mundo ya sabía: que el gobierno de Alberto Fujimori estaba plagado de corrupción. Ahora, los chats de whatsapp y audios del asesor de la fiscal de la Nación cumple el mismo patrón. Ya varios analistas aseguraban que algunos congresistas votaban a favor de algún proyecto con la condición de que la fiscalía archivara alguna investigación en su contra. Incluso la misma ex fiscal suprema Zoraida Ávalos, inhabilitada por el Congreso, aseguró que los congresistas se reunían con personas cercanas a la fiscal. Pero ella no podía probar el porqué de esas reuniones.
Estamos, entonces, ante un gran escándalo de corrupción: venta de votos a cambio de no investigar delitos. Sin embargo, la indignación popular no se manifiesta. Tras años de crisis política, las personas están cansadas, y lamentablemente acostumbradas al escándalo. Los más adultos han vivido años difíciles, desde el colapso económico hasta el terrorismo. Y creen que esta mala etapa pasará, como lo fueron García, Fujimori y Castillo. Los más jóvenes están ante la destrucción de un país que alguna vez dio indicios de prosperidad, y no hay reacción alguna.
Lo que estamos viviendo es la desnudez de una clase política corrupta. Están ante los reflectores. Los medios de comunicación han expuesto claramente, pero el ánimo no es el que debería. Los peruanos, y los más jóvenes, están en silencio. Tal vez, como dice la canción de Rocío Durcal, la costumbre es más fuerte que el amor. Y se desconoce lo que está en juego.
Este Congreso ha destruido un sistema que hasta hace poco funcionaba muy bien: la democracia. Ha violado la constitución, ha copado instituciones a su conveniencia, ha convertido su poder en un ente mercantilista y ha reinado el rancio autoritarismo. Eso no puede tener lugar en nuestro futuro. Muchos dirán que eso no les afecta, y que eso no es nada nuevo. Pero no olvidemos que cuesta más reconstruir lo destruido que viceversa. Destruir algo bueno es algo realmente fácil.
Esto no quiere decir que debe haber una insurgencia, sería un trabajo inútil. Pero, como democracia, existen mecanismos para castigar a las personas que están en el poder. Desde este espacio, hemos abogado por un adelanto de elecciones como la única solución para salir de esta crisis. Tu voto es el mejor castigo que puede haber contra un político. No olvidemos a quienes están en el poder, ya que en algún momento será hora de ir a votar, y todo eso se tomará en cuenta. Los partidos que gobiernan hoy el país no deben volver pronto.
Las redes sociales son los nuevos formatos de información. Alguien joven prefiere que el medio de comunicación le cuente lo que pasa en un video de 15 segundos, se entiende mejor así. En momentos de crisis, la información que recibe alguien vale mucho. Cuando vayamos a votar, que en algún momento llegará, pensemos en el poder que tenemos en nuestras manos, y que somos los únicos responsables para que personas cuestionables no lleguen al poder nunca y que su legado sea solo visto como un mal recuerdo.
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