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El fracaso del Congreso

  • 10 sept 2023
  • 4 Min. de lectura
¿Por qué necesitamos un sistema bicameral?


El sistema parlamentario que fue ratificado por la Constitución Política en 1993 ha fracasado estrepitosamente. A casi 30 años de su implementación, el modelo de la cámara única del Congreso de la República no solamente ha perdido cualquier faro para dirigir el país, sino que parece perpetuar la crisis en la que se encuentra. Diversos sectores se preguntan nuevamente: ¿debemos volver a tener dos cámaras? ¿Y por qué la respuesta es sí?

Luego del autogolpe que propició Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992, el país entró en un proceso constituyente, dirigido sobre todo a dar respuesta a los grandes problemas de la época: el terrorismo y la crisis económica. Ello se vio reflejado en cambios directos en la nueva Carta Magna, como el blindaje al modelo económico del libre mercado y a la pena de muerte por terrorismo, aunque esta último contravenía el Pacto de San José de Costa Rica que el Perú es parte desde 1980, que prohíbe implementar la pena capital por delitos nuevos.

Sin embargo, los críticos del texto final que presentó la Asamble Constituyente de 1993 en el ámbito político. La mayoría parlamentaria fujimorista optó por desaparecer el Senado que el Perú tuvo desde los inicios de la República, cambiándola por una cámara única conformada por 80 congresistas. A pesar de la polémica, el texto fue aprobado en referéndum.

El cierre del Parlamento en abril fue apoyado en esa época por el 80% de la población, impulsado por el desprestigio que este poseía. Ambas cámaras habían sido hostiles al régimen de Fujimori, pues no contaba con bancada mayoritaria.

La unicameralidad como excepción

La bicameralidad es el modelo legislativo mayoritario en el mundo, utilizado por las principales potencias, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania o Japón; y sin ir muy lejos, países latinoamericanos como Brasil, Chile, Argentina, Colombia o Uruguay. El diseño varía de acuerdo a cada país y sus funciones también. El modelo unicameral lo implementan Ecuador, Venezuela, Cuba y todos los países de América Central.

Hasta el año 1993 el Perú contó con el sistema parlamentario bicameral, compuesto por 180 diputados y 60 senadores. Pero ¿cuál es la diferencia?

Históricamente, el Congreso o Parlamento tiene como fin representar legislativamente al pueblo que lo eligió. Sus funciones van desde la creación y aprobación de leyes hasta el control político. En un sistema bicameral se entregan diferentes funciones a cada cámara para que actúe con mayor o menor autonomía, pero su gran ventaja está en la diversidad de representación. Actualmente, el Congreso se elige por circunscripciones electorales; es decir, los electores de cada departamento votan por los representantes seleccionados para su territorio. Por ejemplo, Lima elige a 33 congresistas; Madre de Dios en cambio vota por 1.

Por otro lado, en un sistema bicameral, ambas cámaras se eligen de manera diferente. La elección de diputados es similar al modelo peruano actual; en cambio, los senadores se escogen a nivel nacional. Por lo tanto, obtenemos un Congreso que tiene una composición variada: una nacional y una regional. Esto se traduce en una mayor visibilidad para los electores, pues habría un mayor sentimiento de representatividad. Asimismo, se produciría algo que parece imposible en el modelo actual: una cámara de partidos nacionales, y otra que incluya a movimientos regionales.

De hecho, según diversos expertos esto ayudaría a aumentar la confianza en el Congreso y su impacto en la vida de los peruanos, pues actualmente solo 4 de 10 electores ven su voto reflejado en un escaño. Y si el elector no se siente representado, ¿de qué sirve tener un Congreso?

El poder del Congreso

Como todos los países de América Latina, Perú tiene un sistema presidencialista, donde el poder mayor recae sobre el presidente y no sobre el Congreso. Sin embargo, en la práctica este último tiene mucho poder; en primera instancia porque no hay un órgano que lo regule, como sí ocurre en un sistema bicameral.

En el sistema actual, lo que aprueba el Congreso se hace ley, no necesita ser ratificado por ninguna otra institución del Estado; en cambio, cuando existen dos cámaras, una ley o norma no puede ser aprobada sin el consentimiento de ambas. Si Diputados propone y aprueba la ley X, no puede promulgarse aún si los senadores no le dan el visto bueno. Para ponerlo en contexto, tomemos de ejemplo lo que pasó en Argentina en el año 2018. Los diputados aprobaron la legalización del aborto en un polémico debate, pero debía ser confirmada por el Senado. Tras especulaciones e incansables debates, tal institución votó mayoritariamente en contra del proyecto, por lo que fue archivado.

Si bien es cierto que cada cámara tiene un trabajo diferente, la idea central es que una revise a la otra. Su origen diferenciado hace muy difícil los partidismos o compañerismos por conveniencia. En pocas palabras, el poder del Congreso se debilita.

De acuerdo a todo lo expuesto, un Congreso bicameral puede ser beneficioso para la democracia peruana, pues todo lo mencionado es lo contrario a la labor del parlamento actual. El poder del Congreso es gigantesco, demostrado por su increíble capacidad de sacar presidentes bajo criterios cuestionables, modificar la Constitución por ley o someter a procesos hostiles a instituciones autónomas como la ONPE. En la práctica, nuestro sistema se parece más a un sistema parlamentario. Lo cual no tiene mucho sentido.

Alberto Fujimori diseñó un parlamento a su medida, que en la práctica lo beneficiaba por su rapidez. Tras 30 años, eso no ha cambiado. Todo lo contrario, hemos visto cómo sus integrantes se aferran al poder sin importar a quiénes afectan. Un Congreso desprestigiado, extremadamente poderoso, que se autorregula y que no se castiga, no puede traer nada bueno. En los mismos términos mencionados anteriormente: si el Congreso no cumple su papel histórico de representar y equilibrar los demás poderes del Estado, ¿de qué sirve tenerlo? Muchas personas responderían que no lo necesitamos. Y eso es lo más preocupante.

 
 
 

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