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El último de la fila

  • 9 nov 2023
  • 4 Min. de lectura
Reporte especial sobre la situación de la comunidad LGBT en el Perú
Redacción LC

“Los medios de comunicación han administrado a la homosexualidad la pendicilina del silencio. La han ignorado. No se discute el tema abiertamente, científicamente”. Aquella frase pertenece al periodista y pensador Marco Aurelio Denegri, allá a finales de la década del 2000. No se equivocaba. Sin embargo, los medios de comunicación han cambiado radicalmente. Hoy en día, mayoritariamente son un apoyo incondicional a la causa de la comunidad LGBTIQ. Pero el rechazo de la población hacia las políticas favorables a esta causa sigue siendo persistente en el Perú. ¿Por qué?

El ejemplo expuesto anteriormente es una solo una parte del problema complejo que es la igualdad o la tolerancia de una sociedad hacia la homosexualidad o la diversidad sexual. Desde hace varias décadas, diversos países (occidentales en su mayoría) se han centrado en resolver u ordenar algunos conflictos que sufría esta comunidad. En Estados Unidos, el Partido Demócrata ha alzado la bandera de colores como forma de campaña y publicidad para llegar al poder. En Luxemburgo, el primer ministro Xavier Bettel se hizo conocido mundialmente al ser el primer político abiertamente homosexual y casado con otro hombre en llegar a ese cargo. En Reino Unido, el primer ministro y líder del Partido Conservador, Rishi Sunat, se ha disculpado públicamente por los malos tratos que personas de la comunidad recibieron en el ejército. Asimismo, en Perú, varios personajes son abiertamente parte de la comunidad, ocupando cargos importantes, como Bruce Tello, Alberto de Belaunde o la actual congresista Susel Paredes.

De la misma manera, la percepción que tienen los ciudadanos de la diversidad y manifestación sexual ha cambiado notoriamente (ver cuadros). Aunque el caso peruano dista mucho de la opinión que tienen otras naciones, como Brasil, Chile o Argentina. Sin embargo, la visibilización de los problemas ha cambiado radicalmente. La televisión, la radio u otros medios de comunicación han transformado el paradigma que se tiene hacia la sexualidad. Si antes la censura era lo que primaba, hoy es la apertura disimulada.

Recordemos que la televisión, la radio y la prensa escrita hoy en día están condicionadas a un sistema que prima globalmente. Marco Aurelio, el autor citado al principio de este artículo, se refería a un sistema ideológico de medios de comunicación que probablemente ya no existe más. En todo el mundo, la mayoría de estos tienen una tenencia favorable hacia la causa homosexual. Ya en el año 1996, la influyente revista británica The Economist decía que “no hay ninguna razón de peso para excluir a las parejas homosexuales del matrimonio, y sí varias para incluirlas”. Asimismo, en el año 2015, el diario estadounidense The New York Times dijo que la aprobación del Matrimonio igualitario en EU era una cuestión de “dignidad”.



En el Perú pasó algo similar. Incluso el diario El Comercio, históricamente conservador, ha plasmado una imagen benévola (muchas veces positiva) de la homosexualidad.


Asimismo, la conducta es similar en otros medios; sobre los editados en la capital, Lima. Los medios de comunicación más grandes usualmente dan un enfoque “tranquilizador” sobre el tema. No muestran un desenfado o una oposición mayoritaria respecto al tema.

Si esto realmente está pasando en los medios, y son ellos los encargados de influir en la actitud que tienen las personas hacia el tema, ¿por qué los peruanos aún sienten rechazo hacia estas medidas?

Según el abogado Javier Alonso de Belaunde, esto se debe principalmente a una prevalencia de la religión como guía moral para la sociedad, inequívocamente si está equivocada o no. “Los activistas pro derechos LGBT+ encontraron una dura resistencia basada en prédicas homofóbicas presentes en las iglesias Católica y evangélicas. Estas han calado profundamente en una sociedad históricamente proclive a organizarse de modo jerárquico, discriminatorio y desigual”.

En lugares como Irlanda o New York la influencia de la religión ha ido perdiendo peso cada año. Esto se debe a diversos factores, pero la presencia en la vida cultural de los ciudadanos ha ido perdiendo peso. De la misma manera, ciudades como Iquitos tienen un imaginario popular diferente al resto del país, como explica la antropóloga Norma Muller. "La población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana", explicó a la cadena BBC Mundo.
De hecho, la religión fácilmente puede convivir con la población LGBT. Por ello, hace poco el Vaticano citó al país y sus devotos a reunirse para llevar a cabo un sínodo, para decir las posturas de la Iglesia católica en temas como el tratado. Muchos especialistas indicaron que esto sería una estrategia para que la institución religiosa se adapte a los tiempos, y no caiga en la irrelevancia. Para saber más sobre el sínodo, puedes revisar el tema aquí.

Ahora bien, esto no quiere decir que la sociedad peruana siga esta línea progresista sobre hechos que tienen una imagen negativa para muchos. La comunidad ha pasado por muchos momentos difíciles, y seguirá navegando en aguas turbulentas. Pero nada asegura que se alcance el éxito rápidamente, como lo evidencia el ascenso de líderes ultraconservadores, como Pedro Castillo, Rafael Lopez Aliaga o Keiko Fujimori.
Tal vez la comunidad debería empezar a cambiar el paradigma que mantiene y mejorar su comunicación. El mensaje de igualdad y amor funciona en otras partes del mundo, pero el Perú se rehúsa a aceptarlo. A un país conservador no le agrada los mensajes “blandos”. Lamentablemente, esto no será tan fácil.

En todo caso, la comunidad sobrevivirá a los desaires de la política peruana. Respecto a ello, Marco Aurelio Denegri mencionó que “si van a esperar que la sociedad cambie y tomen conciencia las autoridades, van a esperar eternamente”. Sus palabras, dichas por el año 2009, resuenan casi 15 años después con la misma firmeza. Veremos si en los próximos años, la situación es favorable a la comunidad y su causa, o si, en contraposición de la opinión de la mayoría de los organismos internacionales y países occidentales, continuamos siendo el último de la fila.

 
 
 

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