¿Cuál es el papel de la monarquía en el mundo moderno?
Editorial La Crónica
El próximo 31 de octubre, la princesa Leonor jurará ante la Constitución española al cumplir los 18 años. Esto quiere decir que ella empezará a participar activamente y tener un papel más relevante como futura reina de España. Ella formará parte de los monarcas que gobernarán Europa durante las próximas décadas, que en su mayoría serán mujeres. Ante ello, muchos se preguntan sobre el papel que cumple la monarquía hoy en día, y si aún tiene algún sentido la herencia privilegiada por sangre.
“La monarquía es un anacronismo, pero prosperó bajo Isabel II. Esto contiene lecciones para su sucesor y para las democracias de otros lugares”. mencionó la revista británica The Economist, luego de la muerte de Isabel II. La realeza hoy en día es un cargo simbólico. En países como España o el Reino Unido, los reyes no tienen poder político relevante, su cargo se basa en representar a la nación y personificarla, hacer valer la Constitución y, de hecho, cortar listones en ceremonias. Se hereda el cargo por la ley de sangre, lo que hace que el heredero se prepare toda su vida para cumplirlo.
Quizá para los latinoamericanos la monarquía es la oscura historia que nos han contado desde siempre: cómo el pueblo latino fue severamente oprimido. Para nosotros, esta forma de gobierno parece algo tan impropio. En parte, toda nuestra civilización se construyó a través del sentimiento antimonárquico. Por esta causa, miles de personas dieron su vida. Sin embargo, para algunos países europeos, el monarca es uno de los pilares de sus sociedades.
Como bien menciona The Economist, tomando en cuenta los ideales de nuestras sociedades modernas, las monarquías hace mucho tiempo debieron desaparecer. Pero esto no solo no pasó, sino que su poder prosperó. Isabel II fue soberana en la decadencia del Imperio británico, la caída de un imperio siempre es sangrienta y dolorosa; sin embargo, en el reino de Isabel, esta fue menos traumática.
Lo irónico del sentimiento antimonárquico que tenemos la mayoría de los latinoamericanos es que nuestras sociedades actuales no son modelos de democracias presidencialistas. El avance de líderes populistas que, al fin y al cabo, logran engañar a la población con promesas poco realistas es panorama del día a día. Pedro Castillo en Perú, Jair Bolsonaro en Brasil, AMLO en México o Nayib Bukele en El Salvador, son solo algunos ejemplos actuales.
La política latinoamericana no es un paraíso para el florecimiento de ideas pacificadoras y moderadoras. A los latinos, no nos gusta eso.
En cambio, la ventaja de los sistemas con un monarca es que ellos permanecen en el tiempo y son un ente unificador, lejos de los escrúpulos y soberbia de algunos políticos. Por su puesto, la contraposición es que siguen existiendo monarquías absolutas y su total falta de control. Tal es el caso del Sultán de Brunéi, Muda Hassanal Bolkiah, y el también Sultan de Omán, Haitham bin Tariq Al Said.
Leonor I de España
Leonor es princesa de Asturias, primogénita del rey Felipe VI y su consorte la reina Letizia, será la tercera mujer en acceder al trono del país; además de ser la tercera soberana en hacerlo democracia, tras su padre y su abuelo, el rey Juan Carlos I. Aunque, probablemente, falte mucho tiempo para que la joven Leonor sea coronada, su presencia más activa en la familia real será de gran ayuda para la reputación de la Corona.
En los últimos años, ha crecido el apoyo para que los españoles puedan decidir si sustituyen el actual modelo; aunque parece difícil de materializarse. El anacronismo de la Corona permite que una sociedad pueda acudir a decidir el futuro de sus instituciones. Leonor tendrá que lidiar con ese sentimiento, y si seguirá los pasos de su padre y de las grandes monarquías que sobrevivieron hasta nuestros días. “Reconozco mis responsabilidades”, dijo recientemente. Solo el tiempo le dará la razón.
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