Qué hacer para reducir la ansiedad
- 12 dic 2023
- 3 Min. de lectura
Ansiedad, la emoción más recurrente y de la que poco se habla
Por Tifany Rojas
Ansiedad. Seguramente al leer esta palabra se nos viene a la mente un sin fin de ideas negativas, pues a menudo la asociamos a una enfermedad que sólo la padecen ciertas personas. No podríamos estar más equivocados. La ansiedad forma parte del conjunto de emociones que los seres humanos albergamos en nuestro interior, tan necesaria como la alegría o la tristeza, tan natural como nuestra propia existencia.
Nuestras emociones van y vienen en el transcurso de nuestro día, van cambiando con el paso de los años y se intensifican de acuerdo a la situación que se presente, es importante saber diferenciarlas y cuando ésta es una señal de alerta. Hablar de ansiedad es referirnos al miedo, temor o inquietud que sentimos ante un hecho determinado, es normal y sana cuando nos permite enfrentar momentos de tensión; por ejemplo, cuando somos estudiantes y tenemos que dar un discurso en público, si nos vamos a un viaje de aventura y elegimos un deporte extremo como el vuelo en parapente. En ambos casos, nos permite tomar precauciones ante el peligro generado, y de la misma manera aporta impulso para enfrentarlos. Es la reacción lógica ante el estrés, sea en lo personal o laboral, es la alerta que se envía a nuestro cuerpo para un descanso necesario. Pero ¿qué pasa si el miedo no es temporal y se vuelve abrumador?
Puede que estemos hablando de un trastorno de ansiedad, afección en la que la ansiedad y la sensación de miedo a un peligro inminente no desaparece y conlleva a padecer diferentes síntomas molestos y perjudiciales para cualquier individuo, en caso no tratarse desencadena mayores problemas que en un prolongado tiempo debilitan nuestra salud mental y física, siendo el peor de los escenarios, la muerte.
Primero conozcamos los tipos de trastornos que existen, primordial para saber si necesitamos ayuda profesional.
Crisis de pánico: experimentas una reacción de ansiedad muy intensa, te sientes aterrorizado sin una razón lógica durante minutos u horas.
Ansiedad generalizada: el trastorno más común. Te sientes extremadamente preocupado por todo lo que acontece en tu vida y sientes que todo saldrá mal, aunque desconoces la causa que la provoque.
Obsesiones: pensamientos e ideas negativas e inapropiadas producidas en tu mente que generan una marcada ansiedad o angustia.
Trastorno por estrés postraumático: Aparición de síntomas específicos tras la exposición a un acontecimiento estresante y muy traumático.
Fobias de todo tipo: temor irracional y persistente a algo que representa poco o ningún peligro real.
Bien, ahora que conocemos más sobre la terminología y sus tipos, hablemos de los síntomas que lo acompañan.
Palpitaciones cardiacas, mas conocida como la taquicardia.
Sudoración.
Temblores.
Sensación de ahogo o falta de aire.
Opresión o malestar torácicos.
Inquietud y necesidad de moverse (no te permite concentrarte).
Náuseas o molestias estomacales.
Inestabilidad o mareo (aturdimiento).
Sensación de irrealidad.
Falta de sueño.
Depresión.
El origen de los trastornos puede ser diversos, mayormente se le asocia a nuestra genética, heredada en nuestros genes o adquiridas en nuestro desarrollo en el vientre materno, vivencias de nuestra niñez o hechos traumáticos que lo desencadenan, pero más allá del origen es vital saber que podemos pedir ayuda y es posible tratarla, detectarla y aceptarla a tiempo es crucial para mejorar.
¿Qué debo hacer si sufro alguno de estos trastornos?
Lo principal, visitar a un profesional, no sientas vergüenza o reprimas tus emociones; muchas veces surgen en momentos duros, como lo fue la pandemia mundial, el encierro y la pérdida de nuestros seres queridos, el propio paso de la niñez a la adolescencia, el cambio de la adolescencia a la adultez, una ruptura amorosa, abuso, el embarazo, el desempleo, etc. Acudir a un profesional de la salud es el gran paso para recuperarnos, llevando de la mano el compromiso y el respeto a nuestro propio proceso.
Existen muchos centros y grupos de apoyo, sean particulares o públicos, no te automediques (si encaso lo requieras) y acompaña el proceso con actividades que liberen tu mente y tu cuerpo.
Encuentra una actividad, la que más te guste o la que deseas practicar ya hace bastante tiempo (dibujar, pintar, clases de baile, clases de canto, etc.)
El ejercicio. La mayoría de las personas que han pasado por situaciones similares resaltan su eficacia, elige la que tu cuerpo y resistencia te lo permita (el gimnasio, correr por las mañanas, el crossfit, boxeo, etc.)
Meditar. Suena a cliché, pero te ayuda a encontrar paz y conectar con tus espiritualidad y energía interior.
Rodearte de personas que aporten tranquilidad a tu vida y respeten tu proceso.
Conectar con la naturaleza.
Escuchar podcasts positivos, testimonios de personas que se recuperaron, si ellos pudieron, tú también.
Ser paciente contigo mismo.






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